http://www.lafm.com.co/noticia.php3?nt=26793
Asesinatos de mujeres en Medellín responden a crímenes pasionales
Medellín , Noviembre 14, (LA FM) La mayoría de los 16 homicidios cometidos contra mujeres de Medellín en los dos últimos meses tienen que ver con hechos pasionales, manifestó la Secretaría de Gobierno de la ciudad, insistiendo que Los eventos corresponden a casos aislados, sin relación de Causalidad.
Con ello queda desvirtuada una versión oficial, emitida por altos mandos policiales, que señalaron que muchos de esos crímenes correspondían a ataques contra jóvenes prepago.
Durante septiembre, octubre y lo corrido de noviembre han sido asesinadas 16 mujeres y se ha establecido que 9 fueron crímenes pasionales, la mayoría en interiores de sus residencias; 2 ocurrieron por violencia intrafamiliar, una muerte en riña, un ajuste de cuentas, una más por una bala perdida y una por desangre en el momento que la víctima se encontraba bajo efectos de alucinógenos, reportó la secretaría de gobierno de Medellín.
La secretaría de Gobierno de Medellín recordó que el año más violento en cuanto a mortalidad de mujeres fue 1995 fecha en la que se registraron 287 homicidios.
El año anterior fueron asesinadas 54 mujeres en la ciudad de Medellín.
http://www.lafm.com.co/noticia.php3?nt=38941
Dos mujeres muertas por supuesto crimen pasional
Medellín, Agosto 13, (LA FM) Bajo la hipótesis de un posible crimen pasional se inició la investigación para esclarecer el crimen de dos mujeres en una finca de la vereda La Miel, en límites de los municipios de Caldas y el Retiro.
El comandante de la policía Metropolitana, general Dagoberto García Cáceres, dijo que los hechos son muy confusos y aunque se registraron hace varios días apenas fueron reportados en la tarde del lunes. "Hasta el lugar distante dos horas de la zona urbana de Caldas se desplazó la brigada antihomicidios, pero la información aún es muy fragmentaria y no se tienen pistas de los asesinos", declaró el general García.
Según las versiones de algunos testigos el pasado sábado escucharon disparos en la finca donde vivía la joven Yadira Marín Cortés. Al parecer desde ese mismo día dieron cuenta a las autoridades de la balacera pero los investigadores judiciales tardaron mucho para confirmar la información.
Yadira Marín Cortés, propietaria de la casa finca, y su amiga Luz Adriana Aristizábal Quintero, de 40 años, recibieron varios impactos de arma de fuego.
El alcalde de Caldas, Luis Guillermo Escobar Vásquez, condenó el asesinato de las dos mujeres y pidió la colaboración de los habitantes de la vereda la Miel y del sector de la antigua cárcel La Catedral, de Envigado, para lograr la captura de los responsables.
http://www.radiosantafe.com/2007/11/16/alarma-en-medellin-por-extrana-ola-de-asesinatos-de-mujeres-ya-van-17/
ALARMA EN MEDELLIN POR EXTRAÑA OLA DE ASESINATOS DE MUJERES: YA VAN 17
Noviembre 16, 2007
-A 17 se elevó el número de mujeres asesinadas en la ciudad de Medellín y el Area Metropolitana del Valle de Aburrá, en una extraña coincidencia que tiene alarmadas a las autoridades de la capital de Antioquia.
La víctima numero 17 fue localizada en las ultimas horas en el barrio San Pio y fue identificada como Clara María Agudelo, de 43 años, quien habia regresado recientemente deportada de los Estados Unidos.
En principio se creyó que la racha de crimenes de mujeres, que se inició hace trece dias, era obra de un asesino en serie, pero eso se descartó porque fueron capturadas ya siete personas como responsables de los asesinatos; además se establecio que algunos de las muertes corresponden a crimenes pasionales, y a violencia intrafamiliar, en este último caso porque fueron ultimadas dentro de sus lugares de residencia..
La secretaria de gobierno de Medellín indico que durante el año 2006 fueron asesinadas violentamente 44 mujeres y en el presente año el número se eleva a 45.
El mes que más registros presenta en el 2007 corresponde a junio, con siete muertes; el sector de mayor ocurrencia es el de San Javier, con siete homicidios.
En cuanto a las edades solo se registra la muerte de una menor de edad, diez muertes en edades comprendidas entre los 38 y 41 años; diez entre los 42 y 99, y seis entre 22 a 25 años
http://www.luisbernardo.com/amp_noti.php?not=133&id=&ref=1&h=1
Editorial: Sobre el asesinato de nuestras mujeres
20 Noviembre 2007
La historia de la civilización puede leerse, en efecto, como una historia de la violencia en contra de las mujeres. Una violencia que no necesariamente toma la forma de aniquilación física sistemática del género femenino, ni de la violación o esclavitud. Pero por ser estos los fenómenos más extremos son los más llamativos, los que conmueven, y por los que la ciudad se ha visto sacudida y alarmada en los últimos días. Sin embargo existen otras formas de exclusión y violencia, que son la expresión no violenta –y no por ello menos brutal– de la misoginia. Una reflexión sobre esas formas podría iluminar las justificaciones del feminicidio.
Podrían ser tantos y tan extendidos los ejemplos, que enunciar una sola parte de estas infamias constituiría una inacabable enciclopedia de la barbarie masculina. Desde el principio de la humanidad se ha cometido el crimen de vejar a las mujeres. Inclusive en los espectros más altos de la inteligencia humana. En religión –sobre todo las religiones del libro–, en política, en arte… La historia de la filosofía, sin embargo, quizá sea el escenario más escandaloso. Aun cuando Platón les otorgaba igualdad de derechos en La República –una deliberada utopía–, se cuidó de renegar del género al advertir en el Timeo que las almas eran esencialmente masculinas, y que aquellas descarriadas estaban condenadas a reencarnar en un cuerpo femenino, y si después de ese castigo no se corregían, transmigrarían a un cuerpo de animal. La mujer platónica es un ser medio hombre, medio animal. De su alumno Aristóteles, podría hacerse un juicio más benigno, en tanto que su vida fue ejemplo de convivencia con las dos mujeres con las que se casó. Sin embargo de otra cosa distinta hablan sus libros. En La Política, explicando la diferencia entre los esclavos y los ciudadanos de la polis, le da primacía natural al hombre sobre la mujer, como la tiene el padre sobre el hijo. En contraposición, le entrega a la “esposa” un papel fundamental en el manejo de las cosas de la casa, en la economía doméstica. He aquí una antigua explicación filosófica de la subordinación.
Siglos después, el llamado fundador de la Ciencia Política, escribió en El príncipe una consideración que parece quedó arraigada en la cultura latina: “Considero que es preferible ser impetuoso y no cauto, porque la fortuna es como la mujer, y es preciso, si se la quiere tener sumisa, golpearla y maltratarla”. Kant, ya en una lógica propiamente moderna, y siendo el más liberal de los liberales, emancipa a la mujer del yugo natural a la que la había sometido la historia, sin embargo, ya en el terreno político le niega el derecho al voto y a la participación activa en la vida del estado. ¿Con qué justificaciones? Valgan algunas frases: “Las cualidades de la mujer se denominan debilidades”. “Con el matrimonio la mujer se libera, el hombre pierde su libertad”. “El hombre es fácil de descubrir; la mujer, por el contrario, nunca devela su secreto, pese a que (por su locuacidad) difícilmente puede guardar el de otros”. Años más tarde Schopenhauer afirmaría –para seguir con los ejemplos–: “que la mujer, por naturaleza, está destinada a la obediencia, se reconoce por el hecho de que toda mujer que sea puesta en posición de mando, para ella innatural, de total independencia, se une enseguida a un hombre, del que se deja guiar y dominar, porque necesita un dueño. Si es joven será un amante; si es vieja un confesor”. Otro de los grandes filósofos de occidente, Nietzsche, no tendrá reparos en hablar de la mujer amada como “un simio con tetas”, o en hacer decir a Zaratustra: “El hombre debe ser educado para la guerra, y la mujer, para solaz del reposo del guerrero. Todo lo demás es locura”.
Podría objetarse que los filósofos no hacían más que hablar de las condiciones sociales de su tiempo. No obstante, aceptar eso sería entrar en el anacronismo de equiparar la filosofía con la sociología o, peor aún, con el periodismo. Y a la mente vienen algunas consideraciones propiamente sociológicas y antropológicas de “la cuestión femenina”. Escribe Jean Baudrillard, a propósito de la seducción en las sociedades contemporáneas: “La mujer no existe. Sólo existe la joven, por lo sublime de su estado, y el hombre, por su fuerza para destruirla”. Ya antes Georges Bataille había escrito sobre las mujeres que: “la belleza es deseada por la alegría que causa ser profanada”. Ahora bien, lo que la filosofía no acepta hoy, de ninguna manera, es que se justifique el homicidio, y ninguno de los filósofos aludidos aceptaría que sus postulados sirvieran para justificar el asesinato de mujeres.
¿Pero a qué viene todo este compendio de citas? A que en Medellín han sido asesinadas 18 mujeres en lo que va del mes de noviembre. La cifra causa estupor. Y como indicaron los medios de comunicación, en principio podía pensarse en que se trataba de un asesino en serie. A pesar de ello, las autoridades no se demoraron en descartar ésta hipótesis, arguyendo que se trataba más bien de crímenes pasionales, de violencia familiar, de venganzas asociadas a la prostitución, o de cruce de cuentas entre narcotraficantes. Descartado Jack el Destripador, acabado el problema. Y así, como por arte de magia, por un golpe mediático, el problema de ciudad –están matando a nuestras mujeres– pasó a ser un problema de faldas, de prepagos y de narcos. Pasó a ser un problema doméstico. Lo que, obviamente, tranquiliza a la opinión pública y parece dejar indiferentes a las autoridades. ¿Esa tranquilidad acaso no es la expresión bestial, inesperada y actual de ese legado misógino de la civilización? Porque en el saber común –así muy pocos quieran reconocerlo– se encuentra la justificación: “eso le pasó por puta”, o “para qué se mete con hampones”, o “quién sabe qué fue lo que le hizo al marido”.
Pensar así, a estas alturas de la humanidad, menos que ignorancia lo que indica es una mentalidad criminal en contra de las mujeres. Sería legitimar, gracias a esa violencia blanda, incorporada en los hombres a lo largo de siglos, lo más atroz del asesinato. No se puede personalizar lo que no es más que feminicidio, tratando de bajarle el tono al problema. El problema, lógicamente, desborda las posibilidades de una administración municipal o de un Estado, pero tener en cuenta que la misoginia a la que estamos acostumbrados es una vergüenza que desdice de la inteligencia que nos atribuimos, debe ser, por lo menos, una labor política de primer orden y no un asunto de policía.
Luís Bernardo Vélez
Concejal
http://noticiasrcn.com.co/content/crimen-pasional-la-capital
EN ESTACIÓN DE POLICÍA
Crimen pasional en la capital
Este jueves se produjo una tragedia en el barrio Modelia, en el sur occidente de la capital colombiana. Durante un aparente ataque de celos, un agente de la fuerza asesinó a su esposa y dejó herido a un uniformado que intentó defenderla.
El hecho se presentó en la estación de policía. El homicida, según las autoridades, se suicidó en un establecimiento cercano al parque de la 93, en el norte de la ciudad.
Hacia las nueve de la mañana de este jueves, el intendente Jorge Talero Pulido, llegó hasta la estación de Policía del barrio Modelia para visitar a su ex esposa, de la cual se había separado hace tres meses.
Después de una discusión el policía le disparó a su mujer, también Intendente de la institución. Durante el grave hecho, un patrullero que intentó ayudar a su compañera, terminó herido y fue remitido al hospital de la Policía donde recibió asistencia médica.
Después del crimen, el uniformado huyó de la estación y horas más tarde acabó con su vida en un bar al norte de la capital en el sector conocido como parque de la 93.
http://coloverio.securesites.net/blogs/revelacionesdelbajomundo/?p=189
EL AMANTE asesino
Agosto 30, 2008 9:01 pm El Inspector ¿EN QUÉ VA EL CASO?
Entre junio y julio de 2007, una extraña racha de muertes de homosexuales sacudió a esta comunidad en Medellín.
Nueve gays fueron asesinados y a la mayoría los mataron con arma blanca, dentro de sus propias residencias y por sórdidos móviles pasionales. A esa fecha, la cuenta de las muertes de estas personas rayaba en los 13 casos, con posibilidades de un subregistro más elevado.
Entre todos estos incidentes, que la Policía tildó de aislados, sobresalió uno por la vileza del acto y porque hasta hoy el principal sospechoso del pecado está libre.
Estilista Carlos Buriticá.
Carlos Albeiro Buriticá Benítez tenía 44 años y era uno de los estilistas más reputados del barrio Buenos Aires, donde adornaba cabelleras en la peluquería Zafro. Su sueño, comentaron los familiares, era tener su propio negocio de estética.
Estaba enamorado de un hombre más joven, con el cual mantenía un noviazgo desde hace un año y juntos salían a pasear en moto casi todos los domingos. Pero el romance tenía un lado oscuro: al parecer el muchacho sostenía una vida paralela, casado con una mujer con la cual tenía un hijo de un año.
Hacía grandes esfuerzos por ocultar su relación con Carlos y en muchas oportunidades le pagó el cariño con golpes, en medio de trabas con alucinógenos.
El peluquero estaba muy aferrado a él y no soportaba que se le escondiera. El domingo 8 de julio de 2007, el novio no se reportó. El estilista se desesperó y, según me narró una cuñada aquel entonces, llamó a la esposa de su parejo y por teléfono le confesó la vida secreta del hombre cuyo amor ambos compartían.
Esa misma noche apareció el susodicho en el apartamento de Carlos, en Buenos Aires. Le reclamó por el incidente y comenzó a golpearlo en la sala del segundo piso. Pese a que en el sitio habían otros muchachos, a los cuales el peluquero les subarrendaba habitaciones, ninguno de ellos intervino.
El fúrico novio se metió a la cocina y tomó dos cuchillos. El agredido corrió por las escaleras hacia abajo, tratando de evadir el ataque pero no pudo abrir el cerrojo.
Contra esta puerta, desde adentro, fue atacado el peluquero.
Detrás de él ya estaba su amado, el cual lo acuchilló con violencia contra la puerta. Fueron más de 20 puñaladas las que le propinó con las dos manos en el rostro y el tórax.
Después de eso, el homicida tuvo la sangre fría para regresar a la cocina y lavar los cuchillos. Luego dirigirse a la habitación de Carlos y cambiarse la ropa ensangrentada. Se vistió con una camisa, un pantalón y unos tenis de su ex amante. Y desapareció en la noche.
La víctima fue llevada a la Unidad Intermedia de Buenos Aires, adonde llegó sin vida.
PERO, ¿EN QUÉ VA EL CASO?
El 29 de agosto de 2008, más de un año después del crimen, volví a dialogar con Byron Buriticá, hermano del difunto. Me contó que la Fiscalía ya tiene identificado al asesino y que en su contra avanza un proceso judicial.
El problema es que el delincuente sigue perdido, las autoridades no lo han capturado y en la diligencia se le está dando el tratamiento de reo ausente. Para Byron, “ya lo que pasó pasó”, aunque agregó que no quiere que la muerte de su familiar quede impune. NO QUEREMOS MÁS IMPUNIDAD.
Posdata: con el paso de los años me he dado cuenta que en las muertes de los homosexuales es más posible que haya impunidad, comparadas con los crímenes contra heterosexuales.
Una de las razones más fuertes es que los propios familiares les dicen a las autoridades que no están interesados en una investigación a fondo, por la simple y patética razón de que no quieren que la gente se entere de la homosexualidad de su ser querido.
Varios investigadores me han contado historias parecidas, donde a fuerza del lidia les toca indagar, pero no pueden trasceder mucho porque las familias nunca formulan denuncias.
Es disparatado y sin embargo sienten vergüenza de la condición homosexual del occiso y les parece que es mejor callar para no “mancillar” el apellido. Por fortuna este no es el caso de los familiares de Carlos, con quienes el estilista siempre tuvo buena relación. Pero en muchos otros homicidios sí sucede.
http://www.revistacambio.com
REVISTA CAMBIO
Los vecinos del barrio Cerro Azul de Dosquebradas, Risaralda, nunca olvidarán la noche del viernes 21 de septiembre cuando Belman de Jesús Hernández, de 44 años, sacó una pistola calibre 7,65 y asesinó a su esposa. Llevaban casados 12 años y tenían dos hijos. De nada sirvieron las súplicas de ella ni los intentos para calmarlo. Cegado por los celos, Hernández le disparó y luego se suicidó.
Un mes antes, el 21 de agosto, los médicos de Arauca, un corregimiento de Palestina, Caldas, recibieron a las 8:00 p.m. el cuerpo sin vida de una joven de 17 años, identificada como Claudia. Tenía una herida profunda en el cuello. Una compañera de estudios del Instituto Alfonso de los Ríos le había clavado un cuchillo una hora antes en medio de una acalorada discusión en una taberna, según algunos testigos, por causa de un muchacho que coqueteaba con las dos.
El 13 de agosto, una historia similar había conmocionado Armenia: Angélica Fheo, una periodista de 33 años con ocho meses de embarazo, había sido asesinada por su ex esposo. Aunque ella lo había denunciado ante una comisaría de familia y había logrado una caución para impedir que se le acercara, su ex marido logró entrar en su casa y en la mañana de ese lunes 13 le disparó tres veces.
Cinco días antes, en el barrio La Independencia de Ibagué, Jhon Edwin Castro asesinó de 16 puñaladas a su compañera sentimental Yeni Milena en presencia de sus dos pequeños hijos. "Fue demencial, nunca había visto algo igual", aseguró un oficial que intervino en el caso.
Estas historias son apenas una muestra de lo que sucede a diario en Colombia donde, según Medicina Legal, cada día son reportados 24 casos de agresión por celos y cada cinco días ocurre un asesinato por el mismo motivo. "Los celos son uno de los principales detonantes de las agresiones entre parejas -dice Pedro Franco, director del Instituto de Medicina Legal-. Y lo preocupante es que las cifras pueden ser más altas porque no todos los casos se denuncian y un gran porcentaje se queda dentro de las paredes del hogar".
Las principales víctimas son las mujeres, un hecho que según la antropóloga Myriam Jimeno, autora del libro Crimen pasional, tiene que ver con "las jerarquías de género que implican una relación de dominación y subordinación que desde el punto de vista social es ine-quitativa".
Esto explica el subregistro al que se refiere Franco. Muchas mujeres no denuncian porque temen que al hacerlo se agrave su situación o las deje expuestas a posibles venganzas o a ser abandonadas y así quedar privadas de recursos económicos que afectarían su estabilidad y la de sus hijos. "Prefieren aguantar con sumisión el problema antes que hacerlo público -asegura la psiquiatra María Clara Sánchez-. Y lo peor es que no creen que las leyes las protejan".
El problema no sólo tiene profundas repercusiones sociales, también afecta la economía. Cada año, según estadísticas, se pierden en el país más de 51.914 años de vida saludable (Avisa) por cuenta de la violencia de pareja.
El origen
"Los celos, esos malditos celos", como dice la canción de Willie Colón, una emoción siempre presente en las relaciones humanas, han servido de materia prima para boleros, valses y tangos, como el de F. Elizondo que dice: "Cuando con otro la veo pasar /Afán de herir y de matar /Y así la cadena desatar. /Celos, celos, maldita y torpe cadena". También para tragedias como Otelo de Shakespeare y hasta para guiones de películas y telenovelas.
Algunos especialistas los consideran como algo innato al ser humano, como una emoción que se manifiesta desde muy temprano, desde cuando el bebé reclama el amor exclusivo de los padres. "El hombre por naturaleza es celoso", asegura el psiquiatra Gustavo Rincón.
No obstante, psicólogos evolutivos como Steven Pinker, autor del libro Cómo trabaja la mente, sostienen que los celos no son emociones primarias -tristeza, alegría, asco, sorpresa, ira y miedo-, sino que son emociones secundarias, las llamadas emociones sociales o estados emotivos que, como la vergüenza, la culpa, la turbación y el orgullo, sólo experimentan especies con una estructura social compleja -algunos primates y sobre todo los seres humanos-. Emociones producto de la evolución que requieren el desarrollo previo de ciertas habilidades cognitivas, de una cierta noción del yo como algo separado de los demás, de una cierta conciencia de sí mismo.
Definidos como un estado emotivo ansioso que experimentan las personas frente a la posibilidad de perder lo que tienen o consideran que tienen o que debieran tener -amor, poder, imagen profesional o social, entre otros-, los celos cumplen una función de protección en las relaciones sociales, pues apuntan a defenderlas frente a otros que pudieran interferirlas. Son sentimientos que no sólo dependen del deseo o necesidad de goce exclusivo de los favores del otro, sino de valores sociales. Según el antropólogo estadounidense Ralph Linton, en sociedades monogámicas el adulterio provoca reacciones celosas porque originan inseguridad -material o afectiva- y afectan el prestigio y el honor.
Múltiples estudios demuestran que tanto hombres como mujeres sienten celos, pero que la diferencia está en la forma que reaccionan: ellos tienden a comportamientos agresivos, paranoicos y obsesivos, y ellas suelen presentar conductas histéricas y depresión, incluso con amenazas de suicidio.
Problema de dosis
En el amor, los celos en pequeñas dosis son normales y pueden ser útiles porque obligan a las personas a reaccionar y a comprometerse más con la relación. Es habitual sentir alguna preocupación por la posibilidad de perder a la persona amada o porque tenga una relación real o imaginada con alguien más. Por eso, y de acuerdo con la teoría evolutiva, los celos contribuyen a las relaciones monogámicas y fieles en la especie humana.
Sin embargo, cuando producen una baja sensible en la calidad de vida tanto de quien los experimenta como de quien los padece, pueden destruir una relación y hasta terminar en tragedia. Los especialistas coinciden en que los celosos que convierten su vida y la de pareja en una pesadilla tienen dos rasgos distintivos: inseguridad y dependencia afectiva. En general, son de personalidad débil, tienen baja autoestima, experimentan miedos enfermizos, no se imaginan solos, necesitan del otro para vivir y esa necesidad se les hace tan grande que la idea del abandono o de verse sin compañía se les convierte en una pesadilla obsesiva que no los deja vivir tranquilos. Algo que de alguna manera retrata el famoso bolero de María Grever, Júrame, que en uno de sus versos dice: "Tengo celos hasta del pensamiento que pueda recordarte a otra persona más".
Algunos celosos padecen alguna disfunción sexual o presentan adicciones -al tabaco, al alcohol, a las drogas- y por lo general han vivido hechos traumáticos en la niñez y tienen conductas obsesivas, posesivas y paranoicas. Tienen una percepción distorsionada de las cosas y si están convencidos -así no sea cierto- de que su pareja los quiere engañar o los engaña, no habrá manera de demostrarles lo contrario. Todo lo que pasa lo interpretan en forma tal que confirme su idea fija; todo sirve de prueba para poner en evidencia el engaño.
Según el psiquiatra Carlos Pol, en sociedades machistas como la colombiana, los celos se interpretan como demostración de amor. "Quien no cela, no ama -dice el psiquiatra-. Un craso error que con el tiempo deriva en que la persona se cree dueña de su pareja". Por eso, porque sienten que pueden disponer del otro como si se tratara de un objeto que es propiedad privada, los celosos encuentran terreno abonado para la agresión. "Muchos no ven la violencia contra la mujer como un maltrato y está presente la idea de que matar a la mujer infiel es lícito", asegura Carlos Díaz, psicólogo de pareja.
Según Medicina Legal, los hombres celosos reaccionan con más violencia que las mujeres: por cada 10 mujeres agredidas hay un hombre, y en cuanto a homicidios, la proporción es de cuatro mujeres por cada hombre.
Modo, tiempo y lugar
Según la antropóloga Helen Fisher, autora del libro ¿Por qué amamos?, la tendencia de los seres humanos es a perseguir e incluso a asesinar a un amante descarriado por factores como inseguridad, ira o temor. "En las especies socialmente monógamas, los machos que están con una hembra tienden a ser extremadamente sensibles ante los intrusos -explica-. Y ese afán posesivo es tan habitual en la naturaleza, que se conoce como vigilancia de la pareja y se refiere a ese gusto por la exclusividad sexual".
La antropóloga Jimeno, por su parte, asegura que los hombres reaccionan en forma violenta porque son más vulnerables a la infidelidad de su pareja, y las mujeres por el temor a ser abandonadas. Y el psicólogo Alberto Granados agrega que la reacción masculina violenta se explica también por la formación machista que los obliga a atacar cuando sienten que su honor está en juego, mientras que en las mujeres es, por lo general, una respuesta al maltrato. "Ellas pueden llegar hasta perdonar una 'canita al aire' de sus hombres siempre y cuando sientan que ellos las apoyan-dice el psicólogo-. Pero ellos castigan la infidelidad con firmeza".
Según Medicina Legal, en domingos y días festivos, las denuncias se duplican y las horas más críticas son entre las 6:00 y las 12:00 p.m. Por otra parte, las agresiones y maltratos ocurren con más frecuencia en las ciudades que en las zonas rurales: de cada 10 casos denunciados, nueve son en la ciudad.
Según las estadísticas del primer semestre de este año, Bogotá ocupa el primer puesto en violencia por celos con 1.352 casos, seguida de Cali con 290 y de Medellín con 225. "Hay más casos en las ciudades porque el país es más urbano y la mujer ha cambiado su rol social -señala el Director de Medicina Legal-. Pero hay hombres que se resisten a aceptar que ellas son ahora más independientes y actúan en consecuencia".
Un combustible: alcohol
Hace un año, cuando William Gómez llegó del trabajo encontró que su mujer, con quien había estado casado 12 años, le había dejado una nota en la que le decía que, contrario a lo que él pensaba, nunca le había sido infiel y que lo dejaba porque no soportaba más humillaciones y maltratos. Tres días antes, en una reunión familiar, Gómez la había insultado y la había tratado de prostituta, y de no ser porque un cuñado se interpuso la habría molido a golpes como lo había hecho en otras oportunidades cuando estaba borracho.
El alcohol es uno los factores que potencian los celos e incitan a incurrir en conductas violentas. Según Medicina Legal, el alcohol es el detonante en más del 60% de las agresiones por celos. "La gente toma por todo, porque está alegre o porque está triste -dice Pol-. Es una pandemia y lo que no se dice es que cuando una persona bebe hay mayor excitación, menos inhibiciones y por eso es caldo de cultivo para las agresiones".
Esta teoría la comparten, entre muchos otros, el antropólogo Linton, que la sustenta con un estudio hecho en las Islas Marquesas, en la Polinesia francesa, donde la libertad sexual es casi total y sus habitantes sólo manifiestan celos cuando están borrachos. "Cuando su control voluntario y su raciocinio han disminuido, es cuando se producen estas reacciones", asegura Linton.
Ciclo de violencia
Las agresiones derivadas de los celos empiezan con pequeños golpes que van aumentando si la persona agredida no reacciona y pone el "tatequieto". Al comienzo de la relación, el celoso muestra su cara amable y civilizada pero cuando siente que está en firme y cree que su pareja le pertenece, ocurren los primeros ataques. Luego viene la solicitud de perdón, la contrición de corazón y el propósito de la enmienda. Pero tras una breve luna de miel, cualquier situación se convierte en otro motivo de celos y la agresión de nuevo se repite.
La historia de Mary refleja este ciclo: "La primera vez me dijo que era una perra y me dio una cachetada, luego me pegó varios puños, otro día fueron patadas, una noche me apagó el cigarrillo en la cara y como a la semana estrenó un martillo en mis piernas. La última vez casi me mata porque me tiró por las escaleras y me fracturó dos costillas y la mandíbula". Según Jimeno, lo grave es que con cada repetición del ciclo "las consecuencias son cada vez más violentas y hasta pueden desencadenar en la muerte".
Para no llegar a estas situaciones o para no embarcarse en relaciones que pueden terminar en el hospital e incluso en la tumba, psicólogos y psiquiatras advierten que es necesario que las personas aprendan a detectar a tiempo algunas señales típicas: el celoso pierde fácilmente el control, no sabe manejar la ira, se muestra violento en discusiones sin trascendencia, es controlador en exceso y en todo momento quiere tener a la pareja a su lado. Cuando no logra la atención total del otro, se vuelve amenazante e intimidador.
"El celoso actúa como un remolino, se mantiene girando siempre en sus mismos ciclos -dice Sánchez-. Y si es un celoso patológico, si es víctima de la pasión obsesionante de celos, quien se mete con ese tipo de persona debe pensarlo muy bien porque los celos obsesivos con frecuencia llevan a un desenlace fatal". Ceder a las exigencias de una persona celosa es caer en una espiral sin fin, pues sus obsesiones son inagotables y cada vez será más intransigente y exigente, más posesiva, más controladora, más paranoica.
Es muy difícil que una relación de pareja sobreviva si uno de sus miembros se siente acosado por ataques de celos. La vida se vuelve imposible. A pesar de lo que sugieren algunas letras de canciones, argumentos literarios y guiones de telenovelas y películas, los celos no siempre son consecuencia de un gran amor, ni indican la profundidad del mismo. En sus extremos, son un estado emocional perturbado que puede destruir la vida de quien los experimenta y de quien los despierta.
Cuando el celoso siente que el sufrimiento es demasiado grande e insoportable, sólo tiene una salida: buscar ayuda profesional. Si no lo hace, podría repetir el tormentoso drama de Otelo, el trágico personaje de Shakespeare que asesinó a su esposa, la bella Desdémona, por un ataque de celos que le ofuscó la razón.
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Asesinatos de mujeres en Medellín responden a crímenes pasionales
Medellín , Noviembre 14, (LA FM) La mayoría de los 16 homicidios cometidos contra mujeres de Medellín en los dos últimos meses tienen que ver con hechos pasionales, manifestó la Secretaría de Gobierno de la ciudad, insistiendo que Los eventos corresponden a casos aislados, sin relación de Causalidad.
Con ello queda desvirtuada una versión oficial, emitida por altos mandos policiales, que señalaron que muchos de esos crímenes correspondían a ataques contra jóvenes prepago.
Durante septiembre, octubre y lo corrido de noviembre han sido asesinadas 16 mujeres y se ha establecido que 9 fueron crímenes pasionales, la mayoría en interiores de sus residencias; 2 ocurrieron por violencia intrafamiliar, una muerte en riña, un ajuste de cuentas, una más por una bala perdida y una por desangre en el momento que la víctima se encontraba bajo efectos de alucinógenos, reportó la secretaría de gobierno de Medellín.
La secretaría de Gobierno de Medellín recordó que el año más violento en cuanto a mortalidad de mujeres fue 1995 fecha en la que se registraron 287 homicidios.
El año anterior fueron asesinadas 54 mujeres en la ciudad de Medellín.
http://www.lafm.com.co/noticia.php3?nt=38941
Dos mujeres muertas por supuesto crimen pasional
Medellín, Agosto 13, (LA FM) Bajo la hipótesis de un posible crimen pasional se inició la investigación para esclarecer el crimen de dos mujeres en una finca de la vereda La Miel, en límites de los municipios de Caldas y el Retiro.
El comandante de la policía Metropolitana, general Dagoberto García Cáceres, dijo que los hechos son muy confusos y aunque se registraron hace varios días apenas fueron reportados en la tarde del lunes. "Hasta el lugar distante dos horas de la zona urbana de Caldas se desplazó la brigada antihomicidios, pero la información aún es muy fragmentaria y no se tienen pistas de los asesinos", declaró el general García.
Según las versiones de algunos testigos el pasado sábado escucharon disparos en la finca donde vivía la joven Yadira Marín Cortés. Al parecer desde ese mismo día dieron cuenta a las autoridades de la balacera pero los investigadores judiciales tardaron mucho para confirmar la información.
Yadira Marín Cortés, propietaria de la casa finca, y su amiga Luz Adriana Aristizábal Quintero, de 40 años, recibieron varios impactos de arma de fuego.
El alcalde de Caldas, Luis Guillermo Escobar Vásquez, condenó el asesinato de las dos mujeres y pidió la colaboración de los habitantes de la vereda la Miel y del sector de la antigua cárcel La Catedral, de Envigado, para lograr la captura de los responsables.
http://www.radiosantafe.com/2007/11/16/alarma-en-medellin-por-extrana-ola-de-asesinatos-de-mujeres-ya-van-17/
ALARMA EN MEDELLIN POR EXTRAÑA OLA DE ASESINATOS DE MUJERES: YA VAN 17
Noviembre 16, 2007
-A 17 se elevó el número de mujeres asesinadas en la ciudad de Medellín y el Area Metropolitana del Valle de Aburrá, en una extraña coincidencia que tiene alarmadas a las autoridades de la capital de Antioquia.
La víctima numero 17 fue localizada en las ultimas horas en el barrio San Pio y fue identificada como Clara María Agudelo, de 43 años, quien habia regresado recientemente deportada de los Estados Unidos.
En principio se creyó que la racha de crimenes de mujeres, que se inició hace trece dias, era obra de un asesino en serie, pero eso se descartó porque fueron capturadas ya siete personas como responsables de los asesinatos; además se establecio que algunos de las muertes corresponden a crimenes pasionales, y a violencia intrafamiliar, en este último caso porque fueron ultimadas dentro de sus lugares de residencia..
La secretaria de gobierno de Medellín indico que durante el año 2006 fueron asesinadas violentamente 44 mujeres y en el presente año el número se eleva a 45.
El mes que más registros presenta en el 2007 corresponde a junio, con siete muertes; el sector de mayor ocurrencia es el de San Javier, con siete homicidios.
En cuanto a las edades solo se registra la muerte de una menor de edad, diez muertes en edades comprendidas entre los 38 y 41 años; diez entre los 42 y 99, y seis entre 22 a 25 años
http://www.luisbernardo.com/amp_noti.php?not=133&id=&ref=1&h=1
Editorial: Sobre el asesinato de nuestras mujeres
20 Noviembre 2007
La historia de la civilización puede leerse, en efecto, como una historia de la violencia en contra de las mujeres. Una violencia que no necesariamente toma la forma de aniquilación física sistemática del género femenino, ni de la violación o esclavitud. Pero por ser estos los fenómenos más extremos son los más llamativos, los que conmueven, y por los que la ciudad se ha visto sacudida y alarmada en los últimos días. Sin embargo existen otras formas de exclusión y violencia, que son la expresión no violenta –y no por ello menos brutal– de la misoginia. Una reflexión sobre esas formas podría iluminar las justificaciones del feminicidio.
Podrían ser tantos y tan extendidos los ejemplos, que enunciar una sola parte de estas infamias constituiría una inacabable enciclopedia de la barbarie masculina. Desde el principio de la humanidad se ha cometido el crimen de vejar a las mujeres. Inclusive en los espectros más altos de la inteligencia humana. En religión –sobre todo las religiones del libro–, en política, en arte… La historia de la filosofía, sin embargo, quizá sea el escenario más escandaloso. Aun cuando Platón les otorgaba igualdad de derechos en La República –una deliberada utopía–, se cuidó de renegar del género al advertir en el Timeo que las almas eran esencialmente masculinas, y que aquellas descarriadas estaban condenadas a reencarnar en un cuerpo femenino, y si después de ese castigo no se corregían, transmigrarían a un cuerpo de animal. La mujer platónica es un ser medio hombre, medio animal. De su alumno Aristóteles, podría hacerse un juicio más benigno, en tanto que su vida fue ejemplo de convivencia con las dos mujeres con las que se casó. Sin embargo de otra cosa distinta hablan sus libros. En La Política, explicando la diferencia entre los esclavos y los ciudadanos de la polis, le da primacía natural al hombre sobre la mujer, como la tiene el padre sobre el hijo. En contraposición, le entrega a la “esposa” un papel fundamental en el manejo de las cosas de la casa, en la economía doméstica. He aquí una antigua explicación filosófica de la subordinación.
Siglos después, el llamado fundador de la Ciencia Política, escribió en El príncipe una consideración que parece quedó arraigada en la cultura latina: “Considero que es preferible ser impetuoso y no cauto, porque la fortuna es como la mujer, y es preciso, si se la quiere tener sumisa, golpearla y maltratarla”. Kant, ya en una lógica propiamente moderna, y siendo el más liberal de los liberales, emancipa a la mujer del yugo natural a la que la había sometido la historia, sin embargo, ya en el terreno político le niega el derecho al voto y a la participación activa en la vida del estado. ¿Con qué justificaciones? Valgan algunas frases: “Las cualidades de la mujer se denominan debilidades”. “Con el matrimonio la mujer se libera, el hombre pierde su libertad”. “El hombre es fácil de descubrir; la mujer, por el contrario, nunca devela su secreto, pese a que (por su locuacidad) difícilmente puede guardar el de otros”. Años más tarde Schopenhauer afirmaría –para seguir con los ejemplos–: “que la mujer, por naturaleza, está destinada a la obediencia, se reconoce por el hecho de que toda mujer que sea puesta en posición de mando, para ella innatural, de total independencia, se une enseguida a un hombre, del que se deja guiar y dominar, porque necesita un dueño. Si es joven será un amante; si es vieja un confesor”. Otro de los grandes filósofos de occidente, Nietzsche, no tendrá reparos en hablar de la mujer amada como “un simio con tetas”, o en hacer decir a Zaratustra: “El hombre debe ser educado para la guerra, y la mujer, para solaz del reposo del guerrero. Todo lo demás es locura”.
Podría objetarse que los filósofos no hacían más que hablar de las condiciones sociales de su tiempo. No obstante, aceptar eso sería entrar en el anacronismo de equiparar la filosofía con la sociología o, peor aún, con el periodismo. Y a la mente vienen algunas consideraciones propiamente sociológicas y antropológicas de “la cuestión femenina”. Escribe Jean Baudrillard, a propósito de la seducción en las sociedades contemporáneas: “La mujer no existe. Sólo existe la joven, por lo sublime de su estado, y el hombre, por su fuerza para destruirla”. Ya antes Georges Bataille había escrito sobre las mujeres que: “la belleza es deseada por la alegría que causa ser profanada”. Ahora bien, lo que la filosofía no acepta hoy, de ninguna manera, es que se justifique el homicidio, y ninguno de los filósofos aludidos aceptaría que sus postulados sirvieran para justificar el asesinato de mujeres.
¿Pero a qué viene todo este compendio de citas? A que en Medellín han sido asesinadas 18 mujeres en lo que va del mes de noviembre. La cifra causa estupor. Y como indicaron los medios de comunicación, en principio podía pensarse en que se trataba de un asesino en serie. A pesar de ello, las autoridades no se demoraron en descartar ésta hipótesis, arguyendo que se trataba más bien de crímenes pasionales, de violencia familiar, de venganzas asociadas a la prostitución, o de cruce de cuentas entre narcotraficantes. Descartado Jack el Destripador, acabado el problema. Y así, como por arte de magia, por un golpe mediático, el problema de ciudad –están matando a nuestras mujeres– pasó a ser un problema de faldas, de prepagos y de narcos. Pasó a ser un problema doméstico. Lo que, obviamente, tranquiliza a la opinión pública y parece dejar indiferentes a las autoridades. ¿Esa tranquilidad acaso no es la expresión bestial, inesperada y actual de ese legado misógino de la civilización? Porque en el saber común –así muy pocos quieran reconocerlo– se encuentra la justificación: “eso le pasó por puta”, o “para qué se mete con hampones”, o “quién sabe qué fue lo que le hizo al marido”.
Pensar así, a estas alturas de la humanidad, menos que ignorancia lo que indica es una mentalidad criminal en contra de las mujeres. Sería legitimar, gracias a esa violencia blanda, incorporada en los hombres a lo largo de siglos, lo más atroz del asesinato. No se puede personalizar lo que no es más que feminicidio, tratando de bajarle el tono al problema. El problema, lógicamente, desborda las posibilidades de una administración municipal o de un Estado, pero tener en cuenta que la misoginia a la que estamos acostumbrados es una vergüenza que desdice de la inteligencia que nos atribuimos, debe ser, por lo menos, una labor política de primer orden y no un asunto de policía.
Luís Bernardo Vélez
Concejal
http://noticiasrcn.com.co/content/crimen-pasional-la-capital
EN ESTACIÓN DE POLICÍA
Crimen pasional en la capital
Este jueves se produjo una tragedia en el barrio Modelia, en el sur occidente de la capital colombiana. Durante un aparente ataque de celos, un agente de la fuerza asesinó a su esposa y dejó herido a un uniformado que intentó defenderla.
El hecho se presentó en la estación de policía. El homicida, según las autoridades, se suicidó en un establecimiento cercano al parque de la 93, en el norte de la ciudad.
Hacia las nueve de la mañana de este jueves, el intendente Jorge Talero Pulido, llegó hasta la estación de Policía del barrio Modelia para visitar a su ex esposa, de la cual se había separado hace tres meses.
Después de una discusión el policía le disparó a su mujer, también Intendente de la institución. Durante el grave hecho, un patrullero que intentó ayudar a su compañera, terminó herido y fue remitido al hospital de la Policía donde recibió asistencia médica.
Después del crimen, el uniformado huyó de la estación y horas más tarde acabó con su vida en un bar al norte de la capital en el sector conocido como parque de la 93.
http://coloverio.securesites.net/blogs/revelacionesdelbajomundo/?p=189
EL AMANTE asesino
Agosto 30, 2008 9:01 pm El Inspector ¿EN QUÉ VA EL CASO?
Entre junio y julio de 2007, una extraña racha de muertes de homosexuales sacudió a esta comunidad en Medellín.
Nueve gays fueron asesinados y a la mayoría los mataron con arma blanca, dentro de sus propias residencias y por sórdidos móviles pasionales. A esa fecha, la cuenta de las muertes de estas personas rayaba en los 13 casos, con posibilidades de un subregistro más elevado.
Entre todos estos incidentes, que la Policía tildó de aislados, sobresalió uno por la vileza del acto y porque hasta hoy el principal sospechoso del pecado está libre.
Estilista Carlos Buriticá.
Carlos Albeiro Buriticá Benítez tenía 44 años y era uno de los estilistas más reputados del barrio Buenos Aires, donde adornaba cabelleras en la peluquería Zafro. Su sueño, comentaron los familiares, era tener su propio negocio de estética.
Estaba enamorado de un hombre más joven, con el cual mantenía un noviazgo desde hace un año y juntos salían a pasear en moto casi todos los domingos. Pero el romance tenía un lado oscuro: al parecer el muchacho sostenía una vida paralela, casado con una mujer con la cual tenía un hijo de un año.
Hacía grandes esfuerzos por ocultar su relación con Carlos y en muchas oportunidades le pagó el cariño con golpes, en medio de trabas con alucinógenos.
El peluquero estaba muy aferrado a él y no soportaba que se le escondiera. El domingo 8 de julio de 2007, el novio no se reportó. El estilista se desesperó y, según me narró una cuñada aquel entonces, llamó a la esposa de su parejo y por teléfono le confesó la vida secreta del hombre cuyo amor ambos compartían.
Esa misma noche apareció el susodicho en el apartamento de Carlos, en Buenos Aires. Le reclamó por el incidente y comenzó a golpearlo en la sala del segundo piso. Pese a que en el sitio habían otros muchachos, a los cuales el peluquero les subarrendaba habitaciones, ninguno de ellos intervino.
El fúrico novio se metió a la cocina y tomó dos cuchillos. El agredido corrió por las escaleras hacia abajo, tratando de evadir el ataque pero no pudo abrir el cerrojo.
Contra esta puerta, desde adentro, fue atacado el peluquero.
Detrás de él ya estaba su amado, el cual lo acuchilló con violencia contra la puerta. Fueron más de 20 puñaladas las que le propinó con las dos manos en el rostro y el tórax.
Después de eso, el homicida tuvo la sangre fría para regresar a la cocina y lavar los cuchillos. Luego dirigirse a la habitación de Carlos y cambiarse la ropa ensangrentada. Se vistió con una camisa, un pantalón y unos tenis de su ex amante. Y desapareció en la noche.
La víctima fue llevada a la Unidad Intermedia de Buenos Aires, adonde llegó sin vida.
PERO, ¿EN QUÉ VA EL CASO?
El 29 de agosto de 2008, más de un año después del crimen, volví a dialogar con Byron Buriticá, hermano del difunto. Me contó que la Fiscalía ya tiene identificado al asesino y que en su contra avanza un proceso judicial.
El problema es que el delincuente sigue perdido, las autoridades no lo han capturado y en la diligencia se le está dando el tratamiento de reo ausente. Para Byron, “ya lo que pasó pasó”, aunque agregó que no quiere que la muerte de su familiar quede impune. NO QUEREMOS MÁS IMPUNIDAD.
Posdata: con el paso de los años me he dado cuenta que en las muertes de los homosexuales es más posible que haya impunidad, comparadas con los crímenes contra heterosexuales.
Una de las razones más fuertes es que los propios familiares les dicen a las autoridades que no están interesados en una investigación a fondo, por la simple y patética razón de que no quieren que la gente se entere de la homosexualidad de su ser querido.
Varios investigadores me han contado historias parecidas, donde a fuerza del lidia les toca indagar, pero no pueden trasceder mucho porque las familias nunca formulan denuncias.
Es disparatado y sin embargo sienten vergüenza de la condición homosexual del occiso y les parece que es mejor callar para no “mancillar” el apellido. Por fortuna este no es el caso de los familiares de Carlos, con quienes el estilista siempre tuvo buena relación. Pero en muchos otros homicidios sí sucede.
http://www.revistacambio.com
REVISTA CAMBIO
Los vecinos del barrio Cerro Azul de Dosquebradas, Risaralda, nunca olvidarán la noche del viernes 21 de septiembre cuando Belman de Jesús Hernández, de 44 años, sacó una pistola calibre 7,65 y asesinó a su esposa. Llevaban casados 12 años y tenían dos hijos. De nada sirvieron las súplicas de ella ni los intentos para calmarlo. Cegado por los celos, Hernández le disparó y luego se suicidó.
Un mes antes, el 21 de agosto, los médicos de Arauca, un corregimiento de Palestina, Caldas, recibieron a las 8:00 p.m. el cuerpo sin vida de una joven de 17 años, identificada como Claudia. Tenía una herida profunda en el cuello. Una compañera de estudios del Instituto Alfonso de los Ríos le había clavado un cuchillo una hora antes en medio de una acalorada discusión en una taberna, según algunos testigos, por causa de un muchacho que coqueteaba con las dos.
El 13 de agosto, una historia similar había conmocionado Armenia: Angélica Fheo, una periodista de 33 años con ocho meses de embarazo, había sido asesinada por su ex esposo. Aunque ella lo había denunciado ante una comisaría de familia y había logrado una caución para impedir que se le acercara, su ex marido logró entrar en su casa y en la mañana de ese lunes 13 le disparó tres veces.
Cinco días antes, en el barrio La Independencia de Ibagué, Jhon Edwin Castro asesinó de 16 puñaladas a su compañera sentimental Yeni Milena en presencia de sus dos pequeños hijos. "Fue demencial, nunca había visto algo igual", aseguró un oficial que intervino en el caso.
Estas historias son apenas una muestra de lo que sucede a diario en Colombia donde, según Medicina Legal, cada día son reportados 24 casos de agresión por celos y cada cinco días ocurre un asesinato por el mismo motivo. "Los celos son uno de los principales detonantes de las agresiones entre parejas -dice Pedro Franco, director del Instituto de Medicina Legal-. Y lo preocupante es que las cifras pueden ser más altas porque no todos los casos se denuncian y un gran porcentaje se queda dentro de las paredes del hogar".
Las principales víctimas son las mujeres, un hecho que según la antropóloga Myriam Jimeno, autora del libro Crimen pasional, tiene que ver con "las jerarquías de género que implican una relación de dominación y subordinación que desde el punto de vista social es ine-quitativa".
Esto explica el subregistro al que se refiere Franco. Muchas mujeres no denuncian porque temen que al hacerlo se agrave su situación o las deje expuestas a posibles venganzas o a ser abandonadas y así quedar privadas de recursos económicos que afectarían su estabilidad y la de sus hijos. "Prefieren aguantar con sumisión el problema antes que hacerlo público -asegura la psiquiatra María Clara Sánchez-. Y lo peor es que no creen que las leyes las protejan".
El problema no sólo tiene profundas repercusiones sociales, también afecta la economía. Cada año, según estadísticas, se pierden en el país más de 51.914 años de vida saludable (Avisa) por cuenta de la violencia de pareja.
El origen
"Los celos, esos malditos celos", como dice la canción de Willie Colón, una emoción siempre presente en las relaciones humanas, han servido de materia prima para boleros, valses y tangos, como el de F. Elizondo que dice: "Cuando con otro la veo pasar /Afán de herir y de matar /Y así la cadena desatar. /Celos, celos, maldita y torpe cadena". También para tragedias como Otelo de Shakespeare y hasta para guiones de películas y telenovelas.
Algunos especialistas los consideran como algo innato al ser humano, como una emoción que se manifiesta desde muy temprano, desde cuando el bebé reclama el amor exclusivo de los padres. "El hombre por naturaleza es celoso", asegura el psiquiatra Gustavo Rincón.
No obstante, psicólogos evolutivos como Steven Pinker, autor del libro Cómo trabaja la mente, sostienen que los celos no son emociones primarias -tristeza, alegría, asco, sorpresa, ira y miedo-, sino que son emociones secundarias, las llamadas emociones sociales o estados emotivos que, como la vergüenza, la culpa, la turbación y el orgullo, sólo experimentan especies con una estructura social compleja -algunos primates y sobre todo los seres humanos-. Emociones producto de la evolución que requieren el desarrollo previo de ciertas habilidades cognitivas, de una cierta noción del yo como algo separado de los demás, de una cierta conciencia de sí mismo.
Definidos como un estado emotivo ansioso que experimentan las personas frente a la posibilidad de perder lo que tienen o consideran que tienen o que debieran tener -amor, poder, imagen profesional o social, entre otros-, los celos cumplen una función de protección en las relaciones sociales, pues apuntan a defenderlas frente a otros que pudieran interferirlas. Son sentimientos que no sólo dependen del deseo o necesidad de goce exclusivo de los favores del otro, sino de valores sociales. Según el antropólogo estadounidense Ralph Linton, en sociedades monogámicas el adulterio provoca reacciones celosas porque originan inseguridad -material o afectiva- y afectan el prestigio y el honor.
Múltiples estudios demuestran que tanto hombres como mujeres sienten celos, pero que la diferencia está en la forma que reaccionan: ellos tienden a comportamientos agresivos, paranoicos y obsesivos, y ellas suelen presentar conductas histéricas y depresión, incluso con amenazas de suicidio.
Problema de dosis
En el amor, los celos en pequeñas dosis son normales y pueden ser útiles porque obligan a las personas a reaccionar y a comprometerse más con la relación. Es habitual sentir alguna preocupación por la posibilidad de perder a la persona amada o porque tenga una relación real o imaginada con alguien más. Por eso, y de acuerdo con la teoría evolutiva, los celos contribuyen a las relaciones monogámicas y fieles en la especie humana.
Sin embargo, cuando producen una baja sensible en la calidad de vida tanto de quien los experimenta como de quien los padece, pueden destruir una relación y hasta terminar en tragedia. Los especialistas coinciden en que los celosos que convierten su vida y la de pareja en una pesadilla tienen dos rasgos distintivos: inseguridad y dependencia afectiva. En general, son de personalidad débil, tienen baja autoestima, experimentan miedos enfermizos, no se imaginan solos, necesitan del otro para vivir y esa necesidad se les hace tan grande que la idea del abandono o de verse sin compañía se les convierte en una pesadilla obsesiva que no los deja vivir tranquilos. Algo que de alguna manera retrata el famoso bolero de María Grever, Júrame, que en uno de sus versos dice: "Tengo celos hasta del pensamiento que pueda recordarte a otra persona más".
Algunos celosos padecen alguna disfunción sexual o presentan adicciones -al tabaco, al alcohol, a las drogas- y por lo general han vivido hechos traumáticos en la niñez y tienen conductas obsesivas, posesivas y paranoicas. Tienen una percepción distorsionada de las cosas y si están convencidos -así no sea cierto- de que su pareja los quiere engañar o los engaña, no habrá manera de demostrarles lo contrario. Todo lo que pasa lo interpretan en forma tal que confirme su idea fija; todo sirve de prueba para poner en evidencia el engaño.
Según el psiquiatra Carlos Pol, en sociedades machistas como la colombiana, los celos se interpretan como demostración de amor. "Quien no cela, no ama -dice el psiquiatra-. Un craso error que con el tiempo deriva en que la persona se cree dueña de su pareja". Por eso, porque sienten que pueden disponer del otro como si se tratara de un objeto que es propiedad privada, los celosos encuentran terreno abonado para la agresión. "Muchos no ven la violencia contra la mujer como un maltrato y está presente la idea de que matar a la mujer infiel es lícito", asegura Carlos Díaz, psicólogo de pareja.
Según Medicina Legal, los hombres celosos reaccionan con más violencia que las mujeres: por cada 10 mujeres agredidas hay un hombre, y en cuanto a homicidios, la proporción es de cuatro mujeres por cada hombre.
Modo, tiempo y lugar
Según la antropóloga Helen Fisher, autora del libro ¿Por qué amamos?, la tendencia de los seres humanos es a perseguir e incluso a asesinar a un amante descarriado por factores como inseguridad, ira o temor. "En las especies socialmente monógamas, los machos que están con una hembra tienden a ser extremadamente sensibles ante los intrusos -explica-. Y ese afán posesivo es tan habitual en la naturaleza, que se conoce como vigilancia de la pareja y se refiere a ese gusto por la exclusividad sexual".
La antropóloga Jimeno, por su parte, asegura que los hombres reaccionan en forma violenta porque son más vulnerables a la infidelidad de su pareja, y las mujeres por el temor a ser abandonadas. Y el psicólogo Alberto Granados agrega que la reacción masculina violenta se explica también por la formación machista que los obliga a atacar cuando sienten que su honor está en juego, mientras que en las mujeres es, por lo general, una respuesta al maltrato. "Ellas pueden llegar hasta perdonar una 'canita al aire' de sus hombres siempre y cuando sientan que ellos las apoyan-dice el psicólogo-. Pero ellos castigan la infidelidad con firmeza".
Según Medicina Legal, en domingos y días festivos, las denuncias se duplican y las horas más críticas son entre las 6:00 y las 12:00 p.m. Por otra parte, las agresiones y maltratos ocurren con más frecuencia en las ciudades que en las zonas rurales: de cada 10 casos denunciados, nueve son en la ciudad.
Según las estadísticas del primer semestre de este año, Bogotá ocupa el primer puesto en violencia por celos con 1.352 casos, seguida de Cali con 290 y de Medellín con 225. "Hay más casos en las ciudades porque el país es más urbano y la mujer ha cambiado su rol social -señala el Director de Medicina Legal-. Pero hay hombres que se resisten a aceptar que ellas son ahora más independientes y actúan en consecuencia".
Un combustible: alcohol
Hace un año, cuando William Gómez llegó del trabajo encontró que su mujer, con quien había estado casado 12 años, le había dejado una nota en la que le decía que, contrario a lo que él pensaba, nunca le había sido infiel y que lo dejaba porque no soportaba más humillaciones y maltratos. Tres días antes, en una reunión familiar, Gómez la había insultado y la había tratado de prostituta, y de no ser porque un cuñado se interpuso la habría molido a golpes como lo había hecho en otras oportunidades cuando estaba borracho.
El alcohol es uno los factores que potencian los celos e incitan a incurrir en conductas violentas. Según Medicina Legal, el alcohol es el detonante en más del 60% de las agresiones por celos. "La gente toma por todo, porque está alegre o porque está triste -dice Pol-. Es una pandemia y lo que no se dice es que cuando una persona bebe hay mayor excitación, menos inhibiciones y por eso es caldo de cultivo para las agresiones".
Esta teoría la comparten, entre muchos otros, el antropólogo Linton, que la sustenta con un estudio hecho en las Islas Marquesas, en la Polinesia francesa, donde la libertad sexual es casi total y sus habitantes sólo manifiestan celos cuando están borrachos. "Cuando su control voluntario y su raciocinio han disminuido, es cuando se producen estas reacciones", asegura Linton.
Ciclo de violencia
Las agresiones derivadas de los celos empiezan con pequeños golpes que van aumentando si la persona agredida no reacciona y pone el "tatequieto". Al comienzo de la relación, el celoso muestra su cara amable y civilizada pero cuando siente que está en firme y cree que su pareja le pertenece, ocurren los primeros ataques. Luego viene la solicitud de perdón, la contrición de corazón y el propósito de la enmienda. Pero tras una breve luna de miel, cualquier situación se convierte en otro motivo de celos y la agresión de nuevo se repite.
La historia de Mary refleja este ciclo: "La primera vez me dijo que era una perra y me dio una cachetada, luego me pegó varios puños, otro día fueron patadas, una noche me apagó el cigarrillo en la cara y como a la semana estrenó un martillo en mis piernas. La última vez casi me mata porque me tiró por las escaleras y me fracturó dos costillas y la mandíbula". Según Jimeno, lo grave es que con cada repetición del ciclo "las consecuencias son cada vez más violentas y hasta pueden desencadenar en la muerte".
Para no llegar a estas situaciones o para no embarcarse en relaciones que pueden terminar en el hospital e incluso en la tumba, psicólogos y psiquiatras advierten que es necesario que las personas aprendan a detectar a tiempo algunas señales típicas: el celoso pierde fácilmente el control, no sabe manejar la ira, se muestra violento en discusiones sin trascendencia, es controlador en exceso y en todo momento quiere tener a la pareja a su lado. Cuando no logra la atención total del otro, se vuelve amenazante e intimidador.
"El celoso actúa como un remolino, se mantiene girando siempre en sus mismos ciclos -dice Sánchez-. Y si es un celoso patológico, si es víctima de la pasión obsesionante de celos, quien se mete con ese tipo de persona debe pensarlo muy bien porque los celos obsesivos con frecuencia llevan a un desenlace fatal". Ceder a las exigencias de una persona celosa es caer en una espiral sin fin, pues sus obsesiones son inagotables y cada vez será más intransigente y exigente, más posesiva, más controladora, más paranoica.
Es muy difícil que una relación de pareja sobreviva si uno de sus miembros se siente acosado por ataques de celos. La vida se vuelve imposible. A pesar de lo que sugieren algunas letras de canciones, argumentos literarios y guiones de telenovelas y películas, los celos no siempre son consecuencia de un gran amor, ni indican la profundidad del mismo. En sus extremos, son un estado emocional perturbado que puede destruir la vida de quien los experimenta y de quien los despierta.
Cuando el celoso siente que el sufrimiento es demasiado grande e insoportable, sólo tiene una salida: buscar ayuda profesional. Si no lo hace, podría repetir el tormentoso drama de Otelo, el trágico personaje de Shakespeare que asesinó a su esposa, la bella Desdémona, por un ataque de celos que le ofuscó la razón.
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